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La mujer más valiente del mundo

La mujer más valiente del mundo

Marzo 27, 2021 / Casa de Guadalupe

Guadalupe Aguilar

Busca a su hijo José Luis Arana Aguilar, desapareció el lunes 17 de enero de 2011. Tenía 34 años.

Texto y retrato: Miriam Rodríguez

Tomó cinco o siete conversaciones para que Guadalupe Aguilar quisiera hablar conmigo sobre lo que le pasó a su hijo Pepe. A pesar de que nos manteníamos cercanas para hablar de cualquier cosa pertinente a las desapariciones o cualquier otro tema, no conseguía encontrar el momento y el espacio indicados para preguntarle sobre lo ocurrido. Desde que la conocí comencé a investigar quién era. La fundadora del colectivo FUNDEJ aparecía en varios documentales y entrevistas, se le veía dirigiendo marchas locales y participando en las marchas a nivel nacional, estaba en boca de la población civil y de figuras públicas de las instancias gubernamentales. Su nombre era importante, pero la historia de por qué llegó ahí y cómo, aún no me quedaba clara. ¿Cómo se convirtió en líder de un movimiento tan necesario en estos tiempos tan violentos?
Cada vez que estaba con ella siempre hablaba de lo que hacía refiriéndose a sí misma como “nosotras”: nosotras vamos, preguntamos, buscamos y les decimos dónde están las fosas, nosotras entramos y llevamos un registro de los cuerpos, nosotras peleamos y les exigimos nuestros derechos conforme a la ley que ellos dictan, nosotras les decimos qué hacer a nuestras compañeras y compañeros, nosotras estamos en las fosas y verificamos que estén haciendo bien su trabajo, nosotras observamos, escuchamos y anotamos todo, nosotras nos reunimos y hablamos sobre los avances y lo que tenemos que hacer, nosotras hacemos su trabajo, nosotras no tenemos miedo, nosotras seguimos buscando, nosotras somos compañeras de dolor, nosotras sí los vamos a encontrar.
Después de meses, por fin llegó el día en que la mujer más valiente del mundo me invitó a su casa para hablar de Pepe.

Primera parte
Desaparecer

Pepe desapareció un lunes durante su jornada de trabajo. Ese día tenía que entregar el camión que estaba rentando para su negocio, porque dos meses antes le habían robado el suyo. Habló con su hermano Óscar a las 11:30 am y la llamada se cortó. Óscar llamó a su mamá para decirle que fuera a casa de su hermano, porque no fue normal la manera en la que dejó de escucharlo.
Guadalupe corrió a su casa. Su nuera le dijo que Pepe había salido a las 11:30 am y que iba a recoger a sus hijos a la guardería, a la 1:00 p.m. Asustadas, las dos fueron a recorrer el mismo camino que pudo haber hecho Pepe, pensando que había pasado un accidente. Cuando dio la hora de recoger a los niños fueron a la guardería, pero Pepe nunca llegó.
Guadalupe acudió a hacer la denuncia a la Fiscalía ese mismo día por la tarde. Le dijeron que tenían que pasar 72 horas para hacer la denuncia, argumentando que seguramente “se había ido con unas morras o a beber con sus amigos”. No estaba escrita tal cosa de las 72 horas en el código penal, como le habían dicho, sino que era un simple convenio entre los ministerios. Lo supo después de ponerse a leerlo todo y pedirle a la persona que le dio tal información que le señalara en dónde decía eso exactamente.
Desde ese momento supo que era ella quien tenía que buscar a su hijo, así que desde el primer día tampoco dudó en ir a buscarlo a la fosa oficial más grande de Jalisco: SEMEFO. Pero en ese momento también comenzó a sentir el miedo a algo que aún no tenía claro.
Sin embargo, declaró ante sus hijos que dedicaría su vida a buscar a Pepe. Recuerda que les dijo, “lo vamos a encontrar”. Los reunió en casa de su hija durante quince días para dividirse en la búsqueda, salían a primera hora de la mañana y finalizaban hasta el anochecer, reuniéndose en la mesa para informar lo que habían encontrado. Pero nunca hubo señales de Pepe, todo seguía su curso sin él.
Al no haber encontrado nada durante ese tiempo, Guadalupe se paró frente a la casa del Gobernador de Jalisco dos días enteros para exigir respuestas, pero no le abrieron las puertas. Días después consiguió una cita con él, pero cuando llegó, él no estaba presente. Mandó a tres personas en su representación que solo se dedicaron a poner en duda la fuente de dinero de su hijo. Guadalupe Aguilar, mostrando una carpeta cerrada, los miró y les dijo, “escúchenme bien, esta es la primera y única vez que les voy a dar explicaciones, porque mi hijo no es ningún delincuente. Yo le di ese dinero de todos mis años trabajados y aquí está la evidencia. Pero si ustedes piensan que Pepe andaba en malos pasos, con más razón deberían de encontrarlo, al menos así podría verlo en la cárcel”.

Segunda parte
Gente importante

En mayo de 2011, solo cuatro meses después de la desaparición de Pepe, hubo una marcha por la desaparición de una joven, a la que acudió Guadalupe. La marcha era enorme y se metió entre la multitud para poder estar hasta el frente y escuchar al vocero del llamado “Movimiento por la Paz”. En ese momento una pareja de la Ciudad de México, que también buscaba a su hijo, la reconoció. Sin darse cuenta, había sido noticia y se volvió conocida por el caso de Pepe, así que le preguntaron si quería subir y decir al micrófono lo que ocurrió con su hijo. Guadalupe aceptó. Al subir, pudo dimensionar el tamaño del problema: un mar de gente que estaba presente por la misma razón, por sus desaparecidos. Se dio cuenta de que no estaba sola.
Al terminar la marcha le presentaron a “las mujeres importantes”. Es así como las llamaba Doña Naty, una mujer de Ahualulco que busca a su hija Dalia, y de quien a partir de ese momento se volvió compañera entrañable. Las “mujeres importantes” le pidieron a Guadalupe que fuera a denunciar a la Ciudad de México, solo así iba a ser más efectiva la búsqueda de su hijo.
No tenía nada que perder y mucho que ganar. Siguió las instrucciones al pie de la letra y llegó a aquel lugar donde la recibieron con bombos y platillos, y la guiaron a la oficina donde conocería a la persona que supuestamente encontraría a Pepe. Le ofrecieron agua, un asiento y se dirigieron a ella con mucho respeto y cuidado. Todo parecía impecable, había una esperanza. Guadalupe les contó todo, ¿por qué no hacerlo? Antes de acudir se informó de que esa era la nueva instancia de gobierno creada para sustentar el desarrollo de acciones contra la delincuencia. No podían fallarle, ellos tenían el poder de que la búsqueda de Pepe se llevara a cabo de manera justa y eficiente.
Pero resultó que eran solo negociadores, me dijo Guadalupe. Y aunque lograron que al regresar a casa la voltearan a ver y la atendieran como nunca lo habían hecho, algo más estaba ocurriendo cuando en 2012 vinieron a buscar a su hijo.
Para este momento, Guadalupe ya se había colado en una conferencia de prensa con el presidente que gobernaba sus últimos días el país, en el año 2012, en la que hizo una intervención con gritos desesperados que quedó grabada, exigiendo que encontraran a su hijo. Guadalupe logró ser atendida sin mayor problema, quedando otra vez con grandes esperanzas. En aquellos meses también pudo dirigirse en privado al candidato que sería el siguiente presidente, utilizando las palabras que él usó para dirigirse a las madres que buscaban a sus hijos. Trató de tocarle el corazón haciéndole saber el dolor que sentiría su madre si no pudiera encontrarlo. Lo único que le concedieron a consecuencia de aquellas palabras dichas cara a cara, fue ser cordialmente invitada a la ceremonia de promulgación de la Ley de Desapariciones Forzadas, de las primeras acciones que hizo el presidente, pero no pasó a más. Pareciera que solo la necesitaban para representar a un Estado de desaparecidos.

Tercera parte
Sabemos algo

Aquellos que vinieron desde la Ciudad de México para buscar a Pepe atraparon en junio de 2012 a una banda de secuestradores. “Asistí a todos los eventos de consignación” dice Guadalupe. “Después de que pasara todo el proceso decidieron darles cuarenta años de prisión”. A ella le entregaron una declaración que afirmaba que esta banda criminal mató a Pepe, que a uno de ellos le dieron su cuerpo envuelto en una cobija para que se deshiciera de él en ácido. Esa misma persona, al momento de presentarla ante la señora Guadalupe, la miró y le dijo: “yo no hice nada, señora”. Ella no entendía el porqué de esas palabras, así que sin pensarlo pidió hablar con él a solas:
—”¿Por qué me dices que tú no hiciste nada, si aquí dice cómo fue y está firmado por ti?”
—”Yo no sé escribir, señora”.
Guadalupe, llena de dudas, no tuvo tiempo de pensar en lo ocurrido, ya que su familia la estaba esperando en su casa para darle el pésame: “sabemos que ya encontraron a Pepe, venimos a darte el pésame y a decirte que estamos contigo”. Dice que nunca lo estuvieron hasta ese momento. Al parecer solo querían que eso ya terminara y decirle que Dios le iba a dar la tranquilidad que necesitaba. Guadalupe no podía entender el porqué de aquellas palabras, porque ella no había dicho nada sobre la supuesta aparición de Pepe, pero al parecer en los medios de comunicación dieron la noticia de que su hijo ya había sido encontrado y descansaba en paz. Esto la hizo enfurecer, cada vez quedaba todo más claro: ella no tenía evidencias de ningún cuerpo, ni siquiera dientes o pedacitos de huesos. Todo le parecía una realidad simulada, de la que ni ella ni Pepe formaban parte.
Entonces recordó la descripción en aquellas hojas de declaración que parecían absurdas en palabras de un delincuente que no sabe escribir, tiene debilidad visual y que supuestamente está a punto de deshacerse del cuerpo de su hijo: “estaban muy azules sus ojos, tenía pecas en la espalda, se ve gente bien, ¿por qué lo matarían?”.
No había manera de que con esa declaración lo diera por aparecido y dejara de buscar a Pepe. Había aprendido que si no hay cuerpo, no hay resolución. Además, ahora puede confirmarlo, ya que la persona que supuestamente se había encargado del cuerpo de su hijo es hasta el momento la única que no ha sido consignada, y el líder de esta banda de secuestradores salió libre en 2016.
Pero su certeza no solo se basaba en lo anterior. “Me sembraron pruebas falsas”, sentenció Guadalupe. Le crearon todo un escenario en el que le mostraron quiénes, qué y cómo habían terminado con la vida de Pepe. Estas personas a las que acudió, que supuestamente encontrarían a su hijo, eran solo unos crueles expertos en recrear escenarios. Ahora son perseguidos por fraudes de casos importantes en los que encubrieron detrás de supuestos actos heroicos, intereses personales y ocultos, sin importarles cuántas vidas destruirían. Lamentablemente, la de Guadalupe fue una de ellas.
El enojo de Guadalupe se convirtió en rabia y era más grande que la farsa monumental creada alrededor de ella, pero las consecuencias al exponerlo fueron terribles. “Tengo pruebas de que las instancias gubernamentales están coludidas con el crimen organizado”, así lo dijo en una entrevista a nivel nacional con una periodista que en ese momento le advirtió sobre la gravedad de sus palabras. Guadalupe, la mujer más valiente del mundo, a partir de ese momento se enfrentaba al monstruo de mil cabezas, tal y como les llamaba Doña Naty y como se lo habían advertido desde un principio. Estaba sola contra todos los que quisieron borrar a su hijo y ahora a ella.
Las amenazas no se hicieron esperar. Le llamaban por teléfono a todas horas y aunque esto ya había ocurrido antes, ahora las consignas eran cada vez más violentas. Se sentía observada en todo momento y comenzó a temer por su vida. Por desgracia, llegó el día en que entraron a su casa y robaron todos los archivos en los que había documentado la búsqueda de Pepe; también se llevaron las llaves de su casa.
Guadalupe actuó rápido y cambió todas las chapas de su casa a excepción de una; nunca pensó que volverían ese mismo día al anochecer. A altas horas de la madrugada, sin poder dormir, escuchó murmullos y pasos que venían de fuera. Habían regresado y estaban tratando de abrir las puertas. Esto le dio tiempo de salir corriendo a esconderse en la casa de junto, en obra negra. Se escondió entre los escombros mientras escuchaba los estruendos y se hizo chiquita en un rincón para ocultarse hasta el amanecer. Regresó a casa en medio de un silencio sepulcral, todo estaba en ruinas. Pudo leer en todas las paredes de su casa consignas de odio que atentaban contra su vida y su integridad, al contarme esta historia no se atrevió a repetir lo que decían esas frases a pesar de tenerlas aún muy grabadas.
Se podría pensar que Guadalupe debió haberse dado por vencida, pero la persona en que se convirtió, Guadalupe Aguilar, denuncia y exige protección en todo momento para continuar con la búsqueda. “Ya no tengo miedo, ya me chingaron la vida y ya no puedo tener una vida normal”.

Cuarta parte
Cuerpos

Guadalupe continuó con la tropa de buscadoras y buscadores que había conformado para luchar contra el monstruo de mil cabezas. Junto con ellas ha aprendido a sobrellevar las tormentas de un sistema indiferente que transgrede en todo momento la dignidad y la humanidad. Parecería que ya no podrían llegar más lejos para herirla, pero todo volvió a empezar cuando en el 2018 el olor de la fosa oficial más grande de Jalisco se volvió insoportable, imposibilitando la labor de seguir buscando entre los cuerpos.
La solución a aquel olor fueron unos tráileres que, debido a la cantidad de cuerpos amontonados que ya no cabían en el SEMEFO, se mostraron al inicio como una respuesta que hasta Guadalupe creyó pertinente. Esos tráileres funcionaban como grandes refrigeradores. Adentro estaban tan bien acomodados los cuerpos que parecía que por fin los trataban con dignidad. Les hacían creer que las exigencias de Guadalupe y su tropa finalmente habían sido escuchadas.
Con cierto entusiasmo, Guadalupe se inscribió en cursos de identificación de cuerpos y genética para ayudar a encontrarlos, pero los intereses políticos ocultos entre la gente importante no se hicieron esperar. Aquellos grandes contenedores que vislumbraban un poco de esperanza para encontrar a sus tesoros se convirtieron en una nota amarillista que aterrorizó a todo un estado cuando los colocaron a la vista de todos, derramando olores, visibilizando la inmundicia del poder, la violencia desbordada y la vulnerabilidad de algo muy íntimo, volviéndolo público de maneras hasta ese momento inimaginables.
Guadalupe me menciona haber conocido a los responsables de tal decisión. Era gente importante de la que tristemente ya no le sorprendía que pudieran ser capaces de esos actos ya que no era la primera vez que se topaba con ese tipo de maldad. En consecuencia, pidió estar presente en aquella junta que se llevó a cabo para tomar la decisión pertinente sobre qué hacer con esos cuerpos en descomposición. Guadalupe acudió y escuchó la gran solución: crear una fosa común, echar los cuerpos e irlos sacando de a poco. La reacción de Guadalupe fue gritar, no podía creer lo absurdo y lo indigno de aquellas palabras. Los enfrentó apelando al interés de las mujeres y hombres que buscan a sus desaparecidos. Al terminar sus consignas, se percató de que su hija había tratado de comunicarse con ella en varias ocasiones. Por fin contestó la llamada y su hija solo le dijo, “mataron a mi tío”.
El corazón de la mujer más valiente del mundo se rompió, el peso de la culpa cayó en su cuerpo. “Por buscar a mi hijo mataron a mi hermanito”, me dijo con un llanto profundo y cubriendo sus ojos para continuar describiéndome cómo salió de ese lugar lleno de gente importante que clavaban sus ojos en ella y a quienes les suplicó que la regresaran a casa y encontraran a los culpables. Y aunque los encontraron al siguiente día, como se los pidió, esto solo le causó malestar porque una vez más quedó claro que ellos son parte de aquel monstruo de mil cabezas al cual derrotar, que si así lo quisieran, Pepe no estaría desaparecido y ella no estaría contándome hasta este punto al que llegó su historia.
Le cambiaron la vida, acabaron con la de Pepe y la de su hermano, cuya muerte hasta la fecha no puede perdonarse.
Me pide dar fin a nuestra conversación. Miro en ella un cuerpo cansado. Han pasado ya más de diez años desde que desapareció Pepe y toda una vida en la que sigue buscando. Busca en las fosas, asiste a toda persona que la necesite para convertirla en guerrera o guerrero. Lucha contra todo aquel que quiso y quiere borrarlos, exige, denuncia, ya no tiene miedo, llora por su hijo, llora por todas y todos, abraza, pide ayuda, no tiene aún nada de Pepe. Sigue luchando, mantiene la esperanza, los encuentran, se alegra de lo que ha logrado. Siente impotencia, frustración, cada vez hay más cuerpos, el olor se le impregna, no hay avances, la violencia la rebasa. Llora, pasa noches en vela, platica sus sueños, sus tristezas, las comparte, se mantiene tranquila, sonríe, resiste, canta, grita, se calla, observa, envejece y cada día se vuelve más fuerte. Anhela encontrarlo, descansar, vivir, sigue buscando, ve horrores, esos horrores los convierte en tesoros, es valiente, la mujer más valiente del mundo.